Contaminación sonora | Una amenaza cotidiana PDF Imprimir Correo

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CONTAMINACIÓN SONORA

 

Una amenaza cotidiana 

 

Acostumbrados a convivir con el ruido, los porteños ya no nos asombramos de tener que conversar a los gritos o soportar por interminables minutos el sonido de una alarma vehicular. Esta agresión lenta pero acumulativa constituye la denominada contaminación acústica. Por Susana Rigoz / Fotos: Fernando Calzada

 


Aunque la mayoría desconoce los perjuicios concretos, y muchas veces irreversibles, que produce un nivel alto de ruido, nadie es ajeno a las molestias inmediatas que genera. De hecho, es una de las mayores quejas de los porteños. Bocinas, frenadas violentas, gritos, alarmas, sirenas, caños de escape, obras en construcción, locales bailables son sólo algunas de las fuentes de contaminación sonora que afectan a los habitantes de las ciudades, deteriorando su calidad de vida. 

El ruido -considerado en muchos países como la primera causa de enfermedad profesional y contaminación ambiental- es responsable de que una de cada 10 personas sufra trastornos auditivos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), además de provocar desórdenes en el sueño y el reposo, efectos psicofisiológicos, sobre la salud mental y el rendimiento, dejar secuelas en el comportamiento, entre otras consecuencias adversas. “Toda persona que está expuesta a un nivel de ruido alto puede con el tiempo perder la audición. Es una agresión de la que el organismo se defiende liberando una cantidad de adrenalina que produce stress con sus consecuentes problemas cardíacos, hormonales, cefaleas, déficit atencional, somnolencia y conductas agresivas”, indica Silvia Cabeza, presidenta de la Asociación Civil Oír Mejor. Y nos aporta un dato realmente llamativo: “En un artículo de la OMS de 2007 se especifica que el 3 por ciento de las causas de muerte registradas por problemas cardíacos se debe a exposición al ruido”.

 

¿Sonido o ruido?

 

Aunque no es fácil delimitarlo, en general se llama ruido cuando no sólo carece de armonía sino que genera una sensación desagradable. “Es algo perceptible que sufrimos todos los días, pero es también subjetivo porque no todos tenemos el mismo umbral de ruido. Quiero decir que no nos molesta lo mismo”, explica Horacio Walter, director general de Evaluación Técnica de la Agencia de Protección Ambiental del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Emitido por fuentes fijas o móviles, excepto las áreas industriales, el denominado “ruido ambiental” o urbano proviene principalmente del transito automotor, ferroviario y aéreo, de la construcción y del barrio -restaurantes, bares, recitales, centros de deportes y juegos, discotecas, entre otros-, pero también de los sistemas internos de ventilación, electrodomésticos, etc. La realidad es que en la sociedad actual la contaminación acústica se ha transformado en un problema ambiental de importancia creciente que exige determinar niveles máximos de emisión de decibeles (dB), unidad para medir la intensidad del sonido.

 

Guías para el ruido urbano

 

Hasta ahora, la escasa información sobre este tema derivó en un control limitado, pero es indispensable tomar medidas. Por ello, la OMS preparó las Guías para el Ruido Urbano, cuyo objetivo es generar conciencia acerca de los trastornos de salud derivado de la contaminación sonora, orientando a las autoridades y consolidando el conocimiento científico. Dentro de este contexto, Silvia Cabeza es coautora -junto a los diputados que formaban la Comisión de Ecología de la Legislatura porteña- de la Ley 1.540, conocida como Ley del Ruido, que fue sancionada en diciembre de 2004 por unanimidad. “Soy licenciada en Física -cuenta Cabeza- y mamá de Jorge que es hipoacúsico de nacimiento. Antes me dedicaba a la energía solar, pero cambié de orientación ante la posibilidad de concientizar a la gente”. Así nació en 1999 Oír Mejor, asociación creada por familiares y profesionales dedicados a la otoneuroaudiología y a la acústica, que tiene como objetivo investigar las causas de pérdida auditiva -genética o producto de la exposición al ruido- y difundir la problemática. La Ley 1.540 de control de la contaminación acústica “tiene como objetivo prevenir controlar y corregir el exceso de ruido y vibraciones que afecta la salud de los ciudadanos, el ambiente e incluso las edificaciones”, explica Walter.

-¿Cuál es el nivel de decibeles recomendado?

-HW: Se considera que hasta 75 decibeles no producen daño y se puede vivir normalmente en una ciudad, mas deterioran la calidad de vida.

 

El mapa estratégico del ruido

 

Al año siguiente de sancionada la Ley, se realizó la primera medición en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en un área de 20 kilómetros cuadrados que abarcó catorce barrios; en las zonas más críticas. “El gobierno porteño nos encargó un diagnóstico y lo hicimos con un software que es un modelo matemático al que se le administran datos importantes de una ciudad: altura de los edificios, cantidad de habitantes, tipo de transporte, ancho de calles, velocidad del vehículo, climatología, etc.”, enumera Cabeza. ¿El resultado? “-Alarmante”, coinciden los entrevistados.

Fue en junio de 2007, cuando se fijaron los topes de emisión sonora en Buenos Aires que deberán respetarse en las cinco zonas establecidas dependiendo de la sensibilidad acústica. Según la titular de Oír Mejor, “la ley especifica que el gobierno debe controlar las fuentes fijas y móviles de ruido y en algunos aspectos ha mejorado el nivel sonoro de la ciudad”.

En este momento están terminando de calibrarse para medir las emisiones gaseosas y los decibeles, 44 estaciones de monitoreo. “Cuando estén en funcionamiento, se va a estar midiendo en forma continua y lograremos un mapa de ruido dinámico”, se entusiasma el funcionario porteño.

 

 

IMG_6243 (Custom).JPGEl gran desafío

 

Responsable de más del 80 por ciento del ruido urbano, el transporte automotor es el gran cuestionado. “No sé si es la peor contaminación que hay en Buenos Aires, pero es una de las mayores quejas de los porteños”, afirma Walter. “Según una encuesta realizada en escuelas, hospitales, casas de familia, etc., dentro del ruido, el principal factor de molestia es el proveniente del trasporte público de pasajeros”, aclara.

-¿Por qué se considera el reto más grande?

- HW: Porque el transporte es nacional y para la Ciudad, desde que es autónoma, es un desafío enorme trabajar en conjunto con la Nación, y me refiero tanto al ruido como a lo relacionado con el congestionamiento. Es un trabajo que se está llevando adelante, pero van a tardar en verse los resultados.

La Ley 1.540 y su decreto reglamentario establece sanciones, multas e incluso clausuras. Consultado acerca de si el Gobierno de la Ciudad puede actuar ante una infracción, la respuesta es contundente: “Se están haciendo alrededor de 1.500 inspecciones mensuales en las cabeceras de los colectivos: el vehículo que no cumple con los requisitos se interdicta, se le hace corregir la falla y se vuelve a medir. Si no cumplen se aplican sanciones”.

Si bien hay muchos colectivos en la calle que no cumplen la norma, el problema no es sencillo. No se pueden cerrar las fronteras de la ciudad. “Hay que controlar pero también darle a la gente las herramientas para trabajar”, insiste. “Por eso creo que la mejor salida es trabajar con incentivos para mejorar la tecnología”.  Cabeza, por su parte, puntualiza que un colectivo emite entre 80 y 85 dB, y que este valor es alto porque las unidades en circulación alcanzan las 2.200, todas muy viejas. “En Europa el ruido es considerado uno de los contaminantes más graves. Según cálculos realizados por la Comunidad Económica Europea, significa una pérdida económica importantísima por el dinero que se invierte en la atención de las personas enfermas, por la disminución en la producción y también por la pérdida del valor de las propiedades que están cercanas a una fuente de ruido como un aeropuerto o una autopista. Hoy, controlan hasta el ruido de los electrodomésticos”.

 

 

Bus hídrico

 

Walter está convencido de que si logran modernizar el transporte público automotor -dejando de lado los particulares y los taxis que van al compás del vaivén económico del país-, si logran una flota moderna con las normas internacionales al día, se mejoraría muchísimo el ruido. Por eso, desde la Agencia de Protección Ambiental de la Ciudad, están tratando de impulsar un cambio de tecnología.  “Se trata del bus hídrico, el ecobus, que trabaja con un ciclo combinado de electricidad y diésel, generando muchísima menos contaminación atmosférica y ruido. Lo estamos haciendo en la Universidad de La Plata con tecnología nacional para poder reaplicarlo, porque si fuera importado los costos serían altísimos. Una vez probado, en febrero o marzo de este año, intentaremos impulsar la generalización de este tipo de tecnología”.

-¿Es factible?

-HW: Sí. Evidentemente los colectivos son un medio de transporte que por muchos años va a estar en la ciudad, es el que usa la clase media y la humilde. Creo que hay que subsidiar el cambio de tecnología porque mejorar la tecnología es mejorar la calidad de vida. Un empresario no va a comprar una unidad más cara, la diferencia la tendrá que poner el gobierno a través de créditos blandos. El Estado tiene que estar ahí; prefiero gastar en colectivos y ahorrar en salud.

-¿Qué opina de lo publicado en distintos medios acerca de que Buenos Aires es la ciudad más ruidosa de América Latina y la cuarta a nivel mundial?

-SC: Esa versión -atribuida a la OMS- circula hace como 10 años. La verdad es que yo indagué, me puse en contacto con esa organización y no tenían ninguna información al respecto. Además, para hacer un ranking es indispensable comparar los mapas de ruido de distintas ciudades. Como en Buenos Aires recién se realizó en 2005 esto era imposible de llevar a cabo. De todas formas, es una ciudad ruidosa y los que vivimos aquí no podemos ignorar que estamos sometidos a un nivel de ruido elevado que puede producir enfermedades.

-HW: -Definitivamente creo que no es cierto. Somos ruidosos, pero conozco muchas ciudades a las que no tenemos nada que envidiarles. Lo que está fuera de discusión es que la diferencia está siempre en el parque automotor. Estamos intentando revertir un estancamiento de muchos años y lleva tiempo. El problema es que somos un poco ansiosos. Pretendemos tener una ciudad del primer mundo cuando el primer mundo no tiene las crisis ni los vaivenes económicos que tenemos nosotros.